Agustín del Prado es investigador en el Basque Centre for Climate Change y el próximo mes de septiembre participa en curso organizado por el Instituto Agronómico Mediterráneo de Zaragoza sobre cómo estimar y reducir los gases de efecto invernadero en la agricultura, área en la que centra su labor investigadora.

¿Qué relación existe entre las emisiones de efecto invernadero y los cultivos?

Cultivar la tierra para la producción de alimentos implica una serie de manejos que conllevan unas emisiones, principalmente de óxido nitroso, que proviene de la fertilización, tanto mineral como orgánica, y de otras actividades relacionadas, como es el uso de la maquinaria, de los insumos que van a las explotaciones agrarias, del uso de combustible… todo esto tiene una importante carga medioambiental.

También hay cultivos específicos, como por ejemplo el del arroz, que al estar tanto tiempo encharcados favorecen la emisión de metano, también muy contaminante.

¿Cómo se puede revertir esta situación?

Hay muchas vías, como reducir la intensidad del laboreo, ajustar el uso de fertilizantes a la cantidad adecuada que necesita el cultivo y aplicarlo en el momento adecuado, recurrir a sistemas de secuestro de carbono, como pueden ser los cultivos leñosos o el enterramiento de purines y estiércoles.

¿Y cómo pueden afectar estas prácticas a la producción?

Precisamente de esto se va a hablar en el curso, del coste-efectividad que tiene. Las medidas que tendemos a promover no solo no tienen un perjuicio económico grave, sino que pueden favorecer a los agricultores económicamente, ya que se puede incrementar el rendimiento a la vez que se disminuyen las emisiones. Hay algunas opciones, como los fertilizantes con inhibidores, pero son bastante caros y a no ser qué estén subvencionados o puedas vender tu producto con un premium de valor, los agricultores no van a recurrir a ellos.

¿Cómo tiene que evolucionar la agricultura, qué se está haciendo bien y qué no?

Muchos factores vienen dados por el contexto, así que es difícil establecer la cuestión ética. El uso de fertilizantes, por ejemplo, ha bajado porque su precio se ha incrementado y los agricultores se han sensibilizado con que es un recurso que no puede desperdiciarse.

En Aragón, por ejemplo, hay que tener muy en cuenta la diferencia entre el regadío o y el secano. Habría que tener un especial cuidado con las zonas donde ya de por sí hay escasez de agua, porque además la previsión es que sea muchísimo peor. Y no solo por las emisiones, sino por la sostenibilidad de estos sistemas. Pueden ser eficientes, pero hay que tener en cuenta el limitante de agua, de dónde se capta, las hectáreas utilizadas…para que además de eficiente sea sostenible.  En esta cuestión, hay temas interesantes que tienen que ver con cultivos forrajeros y de consumo animal, pero cada medida que se tome debe ser específica para una zona.

¿Y qué papel puede tener la agricultura ecológica en este proceso?

Creo que lo lógico sería aprobar estrategias que impulsen este tipo de sistemas productivos, menos agresivos con el territorio que otros. En general, una agricultura más extensiva tiene más opciones de alcanzar lo sostenible. Y no podemos obviar además que el gran problema que tienen las tierras rurales de España es la despoblación, que hay que apostar por frenar el vaciado de estas zonas y la desvinculación de la gente con el territorio.

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