Luis Miguel Ferrer, profesor de patología animal de la facultad de veterinaria en la Universidad de Zaragoza, quien, además, forma parte del Servicio Clínico de Rumiantes del Hospital Veterinario y del Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2), explica que los productos de la ganadería aragonesa cuentan con el valor añadido medioambiental y demográfico y el precio no compensa los gastos de producción ni asegura a los ganaderos una vida digna en el mundo rural.

¿Cuáles son las particularidades de la ganadería ovina y caprina en Aragón? ¿Por qué se caracteriza y cómo ha evolucionado en los últimos años?

La ganadería de pequeños rumiantes en Aragón es, fundamentalmente, de tipo extensivo con pastoreo conducido y con un predominio total del ganado ovino. Es una ganadería basada en razas rústicas, autóctonas en su gran mayoría, y algunas razas sintéticas de alta prolificidad (Salz e INRA 401) que están en serio retroceso después de las mejoras obtenidas con el gen Santa Eulalia.

En la actualidad, el censo ganadero está disminuyendo y la falta de ganadería extensiva está influyendo muy negativamente en el medioambiente y la despoblación rural. El mundo urbano sigue sin entender que la comida y el paisaje se cría y se cuida en los pueblos y no se ha conseguido frenar la despoblación del medio rural.

¿Qué es para usted y qué implica el bienestar animal? ¿Qué importancia tiene para una explotación ganadera?

El bienestar animal, en los sistemas productivos, es un concepto totalmente diferente al del mundo de las mascotas. La mayor parte de la población vive en el mundo urbano y piensa que el bienestar de su mascota es que viva como el ser humano. Ese concepto es totalmente erróneo ya que el animal debe vivir como animal y el hacerlo como un hombre es un factor estresante en la mayoría de los casos.

El animal de producción debe vivir con los requerimientos de su especie, raza, peso y comportamiento especificos. Y eso es lo que hacen la inmensa mayoría de los ganaderos con su ganado. Cuando un animal produce cada vez más es porque está bien y se encuentra cómodo. Cualquier agresión estresante hace que bajen sus producciones o enferme.

Muchas veces, la misma legislación de bienestar animal va en contra de los animales de granja. En ciertos momentos es necesario que el animal pase hambre durante unos días para mantener la salud, chocando con el derecho de estos a no pasar hambre. Sin embargo, todos conocemos o sufrimos épocas de régimen para mantener nuestra salud. Lo mismo pasa con el corte de cola con anestesia, siguiendo la legislación vigente, es más estresante para el animal que el corte tradicional sin anestesia. Los conceptos humanos y animales no tienen por qué ser iguales.

Una de las bases de ese bienestar es la salud de los animales. ¿De qué enfermedades deben preocuparse los ganaderos aragoneses? ¿Y cuál es la importancia de un diagnóstico a tiempo?

Las piezas claves del rompecabezas del bienestar animal son la salud y la alimentación. Un animal enfermo o mal alimentado no produce y además puede enfermar y transmitir enfermedades a otros animales o al hombre. Para poder implementar estos programas sanitarios, lo primero y más elemental es diagnosticar las enfermedades que tenemos y clasificar las que se pueden prevenir, las que se deben tratar y aquellas otras en las que es necesario eliminar a los animales o convivir con las enfermedades sin que afecten de gran manera a la producción.

Un diagnóstico correcto es la única forma de poner un tratamiento y prevención idóneos y minimizar el uso de los fármacos en la ganadería. Sin diagnóstico se va a ciegas y se lucha contra todo, utilizando más fármacos de los estrictamente necesarios.

En Aragón, la ganadería extensiva está estrechamente relacionada con la producción ecológica, ¿qué supone para el animal, para el productor y para el consumidor final?

La ganadería extensiva es una ganadería muy sostenible, prácticamente ecológica en la mayoría de los casos, pero con el problema de producción del pastoreo conducido. El coste del pastor, la falta de disponibilidad de los mismos y su baja formación se ha convertido, en muchos casos, en el mayor problema del sector.

El animal vive en un entorno productivo muy similar al ancestral, pero con pequeñas mejoras sanitarias, nutricionales, genéticas o de manejo, que permiten obtener buenos resultados sin grandes cambios. El productor no ve compensada la calidad de su producción y cada vez se van cerrando más explotaciones. Aunque la parte económica es muy importante, la dejadez en los servicios sociales hace que el ganadero abandone el negocio y después el medio rural. El consumidor está recibiendo unos productos de altísima calidad (ternasco de Aragón, cabrito o quesos) pero el precio que paga no compensa los costes de producción. Muchas veces ni con las ayudas se hacen rentables las explotaciones extensivas.

El consumidor no es consciente de que estos productos llevan un valor añadido medioambiental y demográfico que debería hacer que los precios percibidos por los ganaderos pudieran asegurar una vida digna en el medio rural. Mientras no entendamos esto, no frenaremos la caída de nuestra ganadería ni la despoblación del medio rural. Como siempre digo: El último en abandonar un pueblo es el pastor.

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